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El desarrollo de los vínculos en el mini básquet
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El desarrollo de los vínculos en el mini básquet

Hay herramientas en el deporte que promueven y generan aprendizajes sociales transferibles a cualquier ámbito de la vida. Por ejemplo, organizarse para armar equipos.

01 / 07 / 2022

Uno de los saberes a enseñar dentro de los diferentes contenidos que dan forma al básquet es el desarrollo de la perspectiva social. ¿En qué consiste esto? En la posibilidad de que los jugadores y jugadoras que forman un equipo dejen de lado el “yo” y lo reemplacen por el “nosotros”, con el objetivo de beneficiar al equipo. Este proceso no es nada sencillo si tenemos en cuenta que, dadas las características actuales de nuestra sociedad, los vínculos de los niños durante su tiempo de ocio se reparten entre conexiones virtuales y personales, más allá de que la mayor parte del tiempo de juego están expuestos a alguien o a algo que le dicen qué hacer, cómo hacerlo, cuándo hacerlo y cuáles sus reglas.

La gestión de la clase en el mini básquet

Pensemos en una jornada tipo de un niño hoy: cuando no tiene un adulto que determina estas condiciones (papá o mamá, docente o entrenador) es un dispositivo quien determina el formato del juego, su objetivo y las reglas.

En este contexto considero indispensable utilizar el mini básquet como una herramienta para promover no solo los vínculos sino también mediar en las interacciones que de ellos puedan surgir. Como ejemplo concreto, el armado de equipos para jugar un partido o realizar una actividad dentro de una práctica es un escenario ideal para el desarrollo del liderazgo positivo, el acuerdo, la tolerancia, el respeto y la crítica constructiva.

Todo esto sucederá si la intervención del formador a cargo de la práctica permite y da lugar a este tipo de intercambios y no los considera una pérdida de tiempo. Sin dudas que es más rápido “sacarse de encima” el problema y que el mismo sea resuelto por el profe. ¿Cómo? Designando los equipos a dedo, recurriendo al azar o bien, en última instancia, seleccionando capitanes y otorgando un capital social desmedido a estos para que elijan y por descarte se queden con los mejores o los más amigos.

¿Nos pusimos a pensar alguna vez cómo se siente quien es elegido en último término? ¿Hay alguna alternativa a este mecanismo de selección que, habitualmente, empodera a quienes no necesitan más poder?

La alternativa no es fácil, rápida ni sencilla, pero estoy convencido que vale la pena dado que promueve y genera aprendizajes sociales que luego se podrán transferir a cualquier ámbito de su vida: el agrupamiento por acuerdo. Aquí la intervención del profesor debe ser, en un inicio, clara y concisa para determinar cuál es el criterio de agrupamiento. Por ejemplo: el objetivo es armar cuatro equipos de tres jugadores, mixtos y parejos en donde todos deben estar de acuerdo.

¿Y qué pasa si alguien no está de acuerdo? Quién considere que los equipos son desparejos tiene la responsabilidad de proponer una idea para solucionar el problema y hacer que los niveles de los equipos sean parecidos.

El enfoque de derechos en el mini básquet

Habitualmente cuando el profesor decide comenzar este proceso de construcción social sucede que los agrupamientos distan mucho de ser parejos. ¿Qué hacemos en ese caso? Como trabajamos con saberes motrices, qué mejor que vivenciar la experiencia desde lo corporal. Permitimos que jueguen unos minutos con los equipos organizados de esta forma para luego, detener el juego y reflexionar juntos: ¿Se puede jugar así? ¿Es divertido jugar un juego en donde se sabe quién ganará de antemano? Partiendo de las respuestas de los jugadores, rearmamos equipos nuevamente y probamos posibles soluciones. Es fundamental controlar nuestras ganas de intervenir para solucionar el problema y resolver el agrupamiento. No. No es nuestro rol. Nuestra función en ese momento es crear las posibilidades de participación y garantizar los derechos de todos en el acuerdo, permitiendo la libre expresión y mediando ante cualquier situación que vulnere la seguridad de cualquiera al momento de expresarse.

Es un proceso largo y muchas veces se destina un tiempo prolongado al acuerdo, dando lugar a los debates, los intercambios, las discusiones y las diferentes propuestas. Pero si estamos convencidos que el deporte debe ser un medio y no un fin, creo que bien vale la pena invertir este tiempo en formar personas que puedan vincularse con sus pares generando espacios de encuentro dentro de un marco de respeto y con un fin lúdico.

por Pablo Genga

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