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La técnica individual en el mini básquet

La técnica individual en el mini básquet

El entrenador Pablo Genga pone la lupa en la contextualización de la enseñanza. Es importante respetar los tiempos que necesita cada jugador o jugadora en particular para encontrarle sentido y saber dónde aplicarla.

09 / 11 / 2020

A menudo surgen preguntas sobre qué fundamento es más importante o cuál se enseña primero en el mini básquet. Es necesario aclarar que no hay un orden prioritario en la enseñanza de los fundamentos y yendo más allá tampoco creo que la enseñanza deba comenzar exclusivamente por las técnicas. Cuando un niño o una niña comienza a jugar al básquet, lo que quiere es justamente eso: jugar al básquet. Y esto implica participar en una actividad que se compone por técnicas, tácticas, estrategias, relaciones sociales y tareas motrices que involucran percepción y decisión.

Aclarado este punto, quiero destacar algunos tips sobre la enseñanza de las técnicas en general y algunos conceptos en particular de cada una.

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Todo gesto técnico se educa a baja intensidad. Posteriormente se automatiza. Y por último se ejecuta bajo presión o en situación real de juego (Ettore Messina). Esta progresión nos ubica ante el primer problema a resolver en nuestras prácticas: la heterogeneidad de niveles de nuestros jugadores y jugadoras hará que la propuesta deba ser lo suficientemente abierta para que los niveles de resolución puedan ser adaptados a sus posibilidades. Esta enseñanza “a la carta” se puede resolver a través de consignas generales que después, en función de las respuestas, se reconsignen en más de una propuesta.

Otro aspecto importante a señalar en la enseñanza de la técnica individual es la aplicación rápida en contexto del gesto después de automatizarlo. Es necesario finalizar cada drill o ejercicio propuesto para automatizar una técnica con una situación de aplicación (aprendo-aplico) que permita contextualizar su utilización en una situación real de juego, facilitada por una oposición reducida en posibilidades de acción. Por ejemplo, en un drill de automatización de cambios de dirección, finalizar la situación con una situación de 1vs1 a superar una zona delimitada por dos conos en donde el defensor con un balón en la mano trata de “bochar” el balón del ofensivo. El ofensivo deberá intentar superar al defensor aplicando los mismos cambios de dirección automatizados anteriormente en la “parte técnica” del drill.

La bilateralidad es un aspecto a tener muy presente para enseñar técnicas. La posibilidad de que el jugador o la jugadora pueda resolver técnicamente de manera eficiente para ambos perfiles nos dará mayores posibilidades tácticas. Es muy habitual encontrarnos con la situación de que ante la posibilidad de atacar hacia un lado que, a priori, sería el más adecuado dada la ubicación del defensor, el atacante no se anima a hacerlo por falta de dominio de su lado no hábil. Por ejemplo, en la utilización del dribbling. Por este motivo, técnicas como el dribbling, el pase, las finalizaciones en bandeja o doble ritmo, los pivoteos y las arrancadas deben ser enseñadas y practicadas con ambos perfiles desde un inicio.

En relación a los modos de enseñar técnicas, muchas veces se utilizan los juegos de relevos o competencias por tiempos para buscar una ejecución con alta intensidad. En este aspecto debemos evaluar qué le aporta la competencia a nuestra propuesta de enseñanza. Si por competir la consecuencia es una ejecución defectuosa porque el “hacerlo rápido” es más importante que el “hacerlo bien”, no es positiva. Sin embargo, si los jugadores y las jugadoras ya tienen un dominio técnico que les permita ejecutar de manera aceptable y la competencia aporta una motivación para buscar niveles más complejos de ejecución, bienvenida sea. Será, como siempre, el ojo del entrenador quién determine si su uso es adecuado o no.

Finalmente, quiero detenerme en prácticas que cada vez se están instalando más en nuestras sesiones: los entrenamientos de técnica individual. Considero que son muy positivos y particularizan los procesos de enseñanza: buscan individualizar las necesidades de cada jugador o jugadora. Es decir, ofrecen la enseñanza de gestos técnicos y la posibilidad de corregir al detalle cada movimiento. Sin embargo, estas propuestas se deben complementar con situaciones tácticas y, por ende, llamarse entrenamientos de “técnica y táctica individual”. La técnica, árida y descontextualizada, no tiene razón de ser si no se aplica en una situación de juego. Por lo tanto, después de perfeccionar un gesto técnico, tenemos que aplicarlo lo antes posible al contexto real de juego para que el jugador o la jugadora pueda encontrarle sentido y saber dónde y por qué aplicarlo.

por Pablo Genga

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